Ranking

Autor: Martín Varela. Ya están las redes haciendo publicidad gratuita al ranking del periódico El Mundo con los supuestos 100 mejores colegios del país. No he podido evitar la conexión con el tuit contundente que nuestro amigo Lucas Gortázar ha titulado ‘A oscuras’ sobre la decisión de no hacer una evaluación externa del sistema.

No seré yo quien demande más PISA o más presión sin sentido sobre centros y docentes, pero, entonces, ¿dónde podemos encontrar algo de luz?

Precisamente sobre ello dialogábamos en nuestro podcast con Anabel Ramón, jefe de estudios del CEIP Mare Nostrum en Ceuta. Los últimos en el ranking –o los primeros, según se lea–. Últimos en PISA, primeros en fracaso escolar. ¿Por qué? Conocemos muchas cosas que se hacen bien allí. Y no sólo en su colegio público.

Los datos los conocemos y el reto es doble: qué hacemos con ellos y cómo medimos otras cosas. Por ejemplo, en palabras de Anabel, “cómo medimos el cambio en expectativas personales y vitales de estos niños y niñas al salir del colegio. Sabemos cómo han llegado y cómo ahora afrontan su vida”. El día y la noche.

Deberíamos abordar este desafío. Podemos y sabemos hacerlo. Y deberíamos ponerlo claramente sobre el tapete del discurso político y educativo. Algunas iniciativas ya han surgido y ahondado en ese tipo de indicadores que algunos llaman cualitativos. Las intuiciones de PISA for Schools son un ejemplo, pero mis favoritas son las claves del movimiento ‘Escuela Eficaz’ en Iberoamérica. Entre sus premisas clave se encuentran la equidad o el ‘valor añadido’ del contexto y así lo enuncian:

“La escuela eficaz es aquella que promueve de forma duradera el desarrollo integral de todos y cada uno de sus alumnos más allá de lo que sería previsible teniendo en cuenta su rendimiento inicial y su situación social, cultural y económica”.

Y la pregunta que inspira sus investigaciones es ¿por qué escuelas en mismas condiciones tienen resultados diferentes? Esa es la clave.

En unos momentos en los que la cultura del like o las fake news nos anulan el sentido crítico, no podemos permitir que sean otros los que, al no tener datos, nos ofrezcan los que ellos entienden oportunos. La ceguera no nos hace libres. No a ese apagón total. Luz, taquígrafo y mejora continua. Aunque ello suponga trabajo y repensar una y otra vez los ‘cómos’, hasta dar con la tecla.

Si no, otros nos impondrán su ranking sin profundizar en el tipo de sociedad a la que nos moveríamos si ellos son la única luz posible.

¿Para qué nos hacemos un selfie?

Autor: Martín Varela, subdirector de la Fundación Trilema. Muy acertado el nombre puesto a la herramienta que ha utilizado el Instituto de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado (INTEF). Se trata de una encuesta online basada en las competencias digitales docentes, dentro del marco europeo (DigCompOrg). El esfuerzo y energías en todo el procedimiento ha sido importante. Pero, ¿para qué nos hacemos un selfie? O, lo más importante, ¿para quién?

Es evidente la necesidad. Proliferan cursos rápidos y gratuitos para asegurar unos mínimos que permitan el acceso remoto a la educación cuando esta queda confinada. Es una oportunidad para ponernos al día y abrir la ventana de internet como parte del camino al aprendizaje. Pero, quizás, haya que tener cuidado con lo que la palabra selfie pone de manifiesto: ¿A quién miro?

Cuidar que la herramienta sea medio, y no fin, se torna vital en estos momentos de movimiento de los cimientos de la educación. Ocurra donde ocurra el aprendizaje guiado por un maestro, hay otros focos de atención que desde el equipo de formadores de la Fundación no queremos que se nos pierdan.

Nos encontramos inmersos en procesos formativos hacia dentro y fuera de nuestras escuelas que fijan la reflexión en si realmente se produce o no el aprendizaje tal y como deseamos: en todo lugar, en todo momento y de todas las maneras posibles. Es el eje del Aprendizaje Híbrido. Y dentro de este enfoque más global, miramos con lupa las sesiones de intervención docente cotidianas. Sean clases, sesiones, proyectos, unidades o experiencias de aprendizaje; lo hacemos en el marco de los programas de evaluación del desempeño.

Si como docente hicieses un selfie de tu clase, ¿qué verías en la foto? Analizamos con los profesores sus fotografías, sus evidencias. O, mejor dicho, las evidencias de los aprendizajes de los alumnos.

¿Cómo sabemos-saben que progresan? ¿Cómo identifican-comunican sus logros? ¿Cómo gestionan-aprenden de sus errores? ¿Cómo se estimulan para marcarse metas más ambiciosas? ¿Cómo profundizan en el rigor de lo aprendido? ¿Cómo progresan en su propio conocimiento como aprendices? ¿Cómo utilizan los recursos para aprender? ¿Cómo se apoyan entre ellos para progresar juntos?

Estas evidencias conforman el mejor álbum fotográfico del docente. También conocido como Porfolio Profesional. En nuestra herramienta ePorfolio los profesionales se autoevalúan (se hacen un selfie) y recogen evidencias no solo de la competencia digital docente, sino de otras 9 dimensiones igual o más importantes: dominio del currículum, conocimiento de los alumnos, personalización del aprendizaje, estrategias metodológicas, manejo y clima de aula, planificación, evaluación, trabajo en equipo y compromiso personal.

Y siempre con la mirada puesta en los alumnos. Si no, ¿para qué nos hacemos un selfie?

No nos fiamos

Autor: Martín Varela, subdirector de la Fundación Trilema.

Así no podremos crecer como sociedad. No nos fiamos los unos de los otros.

Hace unos meses me enviaron vía whatsapp este vídeo que quizás algunos conocéis. ¿Te imaginas esto en nuestro país?…
El señor del vídeo termina aseverando que no quedaría ni un palet. ¿Qué has contestado en tu mente?

No hay manera. Tierra de Lazarillo de Tormes y de la picaresca. Pero, ha llovido mucho ya desde que esta obra de arte literaria se escribió, ¿no? Si no creemos, no avanzaremos. Creer que es posible, es el primer paso para provocar el cambio. Y para creerlo también hay que verlo. O provocar que ocurra.

Los estudiantes universitarios exigen por el virus hacer los exámenes online, parece lógico. La Universidad no quiere. Conscientes de la picaresca. Pero, ¿lo son también de las consecuencias profundas de cómo y qué evaluamos? Algunas de las universidades más avanzadas no se han sentido amenazadas por esta situación. Su alumnado se encuentra inmerso en un paradigma muy diferente.

Paralelamente, en el encuentro-webinar Let schools decide (Deja a la escuela decidir), organizado por la OCED, el dato sobre la falta de confianza en nuestro sistema, escuelas, profesores, estudiantes… es demoledor. Somos uno de los peores 5 países del mundo en cuanto a la autonomía en la toma de decisiones pedagógicas. ¿Centralismo o desconfianza? La publicación Cuadernos de Pedagogía ha dedicado todo un número a esta cuestión, controvertida, pero de gran calado y necesario futuro.

Más allá de las posibles dificultades de impactar en las políticas nacionales o supranacionales, los docentes tenemos mucho margen de actuación. ¿Podríamos ir educando generaciones más responsables y de las que fiarnos?

Recuerdo nuestros inicios en el impulso del cambio de cultura de evaluación. Queríamos impactar tanto en los procesos como en el propio concepto de evaluación. La autoevaluación parecía una utopía. Más si se ligaba a calificación final. Hoy ya sabemos de su impacto profundo el aprendizaje. Lo comprobamos día a día junto al entrenamiento de los procesos metacognitivos.

Hace una década conocíamos el ya famoso trabajo de John Hattie, Know Thy Impact. Un estudio sobre la efectividad de las diversas estrategias metodológicas en el aprendizaje. Entre las más eficaces se sitúan las que comenzaban por ‘self’ (auto) y las que incorporan reflexión personal o compartida.

Ahora, la semipresencialidad, los confinamientos grupales, las cuarentenas y otras modalidades de seguimiento virtual se están convirtiendo en una oportunidad para practicar y aprender ‘a fiarnos’. ¿O para enseñar a que se hagan responsables?

 

Pequeñas prácticas cotidianas nos ayudan a profes y alumnos:

 

  • Comunícales qué quieres conseguir con la clase de hoy. O mejor, qué quieres que ellos consigan.
  • Asegúrate de que entienden lo que les pides, ¿saben expresarlo con sus palabras?
  • ¿Es una tarea, producto u objetivo complicado? ¿Debemos “trocearlo” en partes y pasos para visualizar como llegar al mismo?
  • ¿Tienes alumnos con diferentes necesidades o punto de partida? ¿Podrían tener logros diferenciados?
  • ¿Pueden anticipar sus dificultades y qué podría ayudarles a superarlas?
  • ¿Podrían encontrar ayuda entre las fortalezas de sus compañeros?
  • ¿Qué van a necesitar para aprender lo que toca? ¿Pueden imaginarlo, verbalizarlo? ¿Lo tienen a mano o a golpe de libro, tablet u ordenador?
  • Comunica o visualiza con ellos las partes de tu sesión de clase. Conocer de antemano lo que ocurrirá les ayudará a autogestionar sus tiempos y conocer qué momentos pueden tener para realizar pausas, encontrar ayudas o hacerte preguntas.
  • Diseña el aprendizaje con pausas metacognitivas, momentos en los que puedan verbalizar por dónde van, qué han conseguido, qué necesitan para avanzar.
  • Enseña y acompaña la selección de evidencias que permita mostrar qué van aprendiendo.
  • Propicia momentos de coevaluación en los que puedan comunicar esos avances a los compañeros y estos les den feedback de sus progresos.
  • Da tú también tu retroalimentación e indicaciones para seguir adelante o reflexionar sobre su camino. Detente especialmente en los que más necesitan tu guía.
  • Trata de cerrar tus sesiones con preguntas metacognitivas, con la posibilidad de expresar sus avances diarios y de saber cuál será el siguiente paso o cómo puede mejorar.
  • Valora mucho lo que van siendo capaces de mostrar en su camino de autorregulación del aprendizaje.
  • Incorpora criterios de calificación y logro que ellos mismos expresan.
  • Deja que, desde esos criterios, ellos mismos se evalúen e incluso califiquen.

Si la educación es la mejor inversión para el futuro de nuestra sociedad, ¿qué tal empezar a invertir, desde dentro, en este entrenamiento? ¿O no nos fiamos?

¿Vemos o miramos? La observación como herramienta de evaluación

Por Anabel Valera, formadora en la Fundación Trilema.
@anabelvalera_entre_profes

Hemos empezado un nuevo trimestre. Y, aunque lo hemos hecho de forma un tanto ‘atropellada’ entre los retos que nos sigue poniendo por delante la pandemia y también Filomena, volvemos al aula (o a la pantalla) con ganas de ver a nuestros alumnos. Pero ¿qué vemos? O mejor dicho, ¿qué queremos mirar?

Un aula es algo vivo: en el mismo lugar y espacio de tiempo pasan multitud de cosas, algunas que vemos y otras que no. Miradas, gestos, conversaciones, emociones escondidas y otras más visibles, comportamientos edificantes y otros disruptivos… ¿Cómo gestionar tal cantidad de información?

Un aula es algo vivo: en el mismo lugar y espacio de tiempo pasan multitud de cosas, algunas que vemos y otras que no.

 

Desde la Fundación Trilema entendemos la evaluación como un proceso continuo en el que se acompaña y asesora al alumno. Pero, para poder llevar a cabo este acompañamiento del alumno hay que enfocar la mirada, poniendo el acento en la evaluación de procesos. Esto implica sistematizar la observación que los maestros hacemos en el aula, enfocando nuestra mirada.

A continuación, te invito a reflexionar con algunas preguntas que pueden ayudarte, a ti, profe, a sistematizar tu observación:

1. ¿Qué vas a observar hoy? ¿En qué aspecto o en qué alumno/s vas a focalizar tu observación? Te hago algunas sugerencias:

  • Un alumno que no suele llamar tu atención: es importante poner especial atención en los alumnos “grises” o “transparentes” que son aquellos que suelen pasar desapercibidos, a los que muchas veces no se dedica mucho tiempo en el aula ni en la reunión de evaluación. Son esos alumnos bastante autónomos a la hora de trabajar, discretos, que no destacan a nivel académico ni social… ¿te viene a la mente alguno en concreto?
  • Cómo se relacionan o cómo trabajan los alumnos del fondo de la clase: cuando gestionamos la distribución de los alumnos en el aula, solemos poner cerca de nuestro espacio de trabajo a los alumnos que más nos necesitan (por tener dificultades de autogestión, emocional o académica, por falta de autonomía o atención…). Estos alumnos pueden llegar a “secuestrar” nuestro tiempo y dedicación, y es normal. Así que, para poder atender también al resto, puedes sistematizar un día a la semana, o cada cuanto tú consideres conveniente, para observar a los alumnos que están más lejos de ti.
  • La gestión del espacio del aula: ¿La distribución del mobiliario permite, en la medida de las posibilidades, tu movimiento libre y el de los alumnos por el aula? ¿Todos los espacios son susceptibles de ser usados con una finalidad educativa? Recuerda que tu clase es tridimensional: techos, suelos y paredes pueden utilizarse para colocar evidencias, para invitar a la reflexión, para visualizar los objetivos… ¿Cómo se mueven los alumnos por la clase? ¿Utilizan los rincones destinados a una finalidad concreta de forma adecuada?
  • Habilidades varias: gestión de la agenda, caligrafía, motricidad fina, capacidad de síntesis durante la toma de apuntes, gestión del tiempo de trabajo…
  • Uso de materiales propios y comunes: ¿Los respetan? ¿Los comparten? ¿Cuentan con todo lo necesario para desarrollar su tarea? ¿Son los adecuados para desarrollar las tareas? ¿Se adaptan a su nivel madurativo?

2. ¿Con qué herramienta voy a registrar esta información (checklist, escala…)? Las herramientas de evaluación son múltiples y variadas. Algunas están más dirigidas o son más adecuadas para registrar la observación, de forma que el registro se pueda convertir en un proceso ágil. Te recomiendo la Lista de cotejo o la Escala como las herramientas idóneas para hacer de esta observación algo eficaz.

3. ¿Qué haré después con la información registrada? ¿cómo la voy a gestionar? La información que registras es muy valiosa. Enriquece la visión que tienes de tus alumnos y esto implica un mayor conocimiento de los mismos. Habrá alguna información que tendrás que compartir con el resto de compañeros de claustro, quizá otra más sensible que comunicarás únicamente al tutor y/o al Dpto. de Orientación. Otra información la trasladarás directamente a la familia. Y seguramente, otros aspectos observados, simplemente, despertarán en ti una señal de alarma que te indicará la necesidad de seguir mirando atentamente a ese alumno hasta poder formarte una idea más ajustada de su necesidad o reafirmarán lo que ya conocías acerca de él.

Esta sistematización de la observación te permitirá huir de las temidas etiquetas, a ponerle nombre a tus intuiciones y a las de tus compañeros de claustro, a dotar de rigurosidad y veracidad tus juicios o pre-juicios e incluso a enfocar o re-enfocar tu práctica pedagógica.

En definitiva, a enriquecer el conocimiento de tu alumno que tanto necesitas para poder acompañarle y ayudarle a ser la mejor versión de sí mismo.

¿A quién vas a mirar hoy?

Escenarios funcionales de aprendizaje

Autor: Martín Varela, subdirector Fundación Trilema.

El martes realizamos el webinar Escenarios funcionales de aprendizaje. En él proponíamos un modo efectivo de trabajar las funciones ejecutivas en el aula. Para nosotros, una mezcla de intuiciones confirmadas y de vanguardia.

Aún recordamos esta fotografía que utilizábamos en las primeras presentaciones sobre competencias cuando aterrizaron en nuestro país. De esto hace ya casi 15 años.

Explicábamos por qué optábamos por el término ‘desempeño’ a la hora de comprender hacia dónde nos impulsaban las competencias. Quizás no expresaba adecuadamente toda la riqueza que su término anglosajón aportaba: Performance, puesta en escena. No queríamos quedarnos en la fórmula por la que algunos apostaron de ‘indicador de logro’. Esta era más finalista. El término desempeño, a nuestro entender, recogía más la importancia de la metáfora de los actores y artistas en el escenario desarrollando –desempeñando– su papel. Es decir, la escuela, el aula, como el escenario diseñado para ese conocimiento en acción, puesto en escena, al que impulsan los aprendizajes competenciales.

Ahora, más allá de los desempeños, es el propio escenario el que se revela clave en las líneas de futuro.

El mismo martes concurrían a la misma hora de nuestro webinar dos eventos de cierta relevancia. Por un lado, el Foro Virtual Educa, con sede y foco en nuestro país vecino, Portugal, que tan bien está haciendo las cosas en su desarrollo legal-educativo. Por otro lado, el primer día del debate sobre el futuro nuevo currículum para nuestro país.

En el Foro, de nuevo estuvo la apuesta necesaria a la apertura. La escuela conectada en lo que llamamos ecosistemas de aprendizaje. La escuela que se abre y se redefine (o la redefinirán). Entre las propuestas novedosas, precisamente, se encuentran los Escenarios de Aprendizaje conectados con la naturaleza.

Estas nuevas perspectivas sitúan el porqué y el futuro de la escuela en escenarios desconocidos. Así lo recoge José Antonio Marina en su Panóptico. Mientras, los sistemas educativos más eficientes del mundo dan muestras de que el modelo se está agotando, o incluso se atisba un futuro en que la escuela puede que ni tenga ese nombre (Michael Fullam), nosotros aquí tratando de ponernos al día generando división y confusión.

En este ambiente, el Ministerio de Educación promueve el debate sobre el currículo: el modelo de persona y de sociedad que se dibujará para nuestro país. Como bien reflejó el Secretario de Estado, puede que sea uno de los puntos en el que casi todos estamos de acuerdo. La reforma curricular es necesaria, ya urgente. Aunque sorprende que aun estemos debatiendo sobre si el currículum debe o no ser competencial, cuando deberíamos estar ya en la siguiente etapa y futura. El cambio profundo se dará cuando seamos capaces de educar el carácter, la predisposición y el deseo de aprender. Las funciones ejecutivas de nuestra inteligencia.

La gran mayoría de estas políticas bienintencionadas de impulso y calado curricular no impactan en el día a día de las aulas por no ir acompañadas de otras medidas con foco en el docente. En su preparación, acompañamiento y desarrollo profesional. El profesorado necesita pistas y ayuda para concretarlo y hacerlo realidad en las aulas/pantallas. Hacia ese camino práctico y de futuro apunta esta manera de integrar currículum, funciones ejecutivas, procesos cognitivos diversos y objetivos de desarrollo sostenible: los escenarios funcionales de aprendizaje.

O lo que es lo mismo, una manera de provocar la puesta en escena de los aprendizajes necesarios para el alumnado y sociedad de futuro. Una propuesta de guion para el profesorado, los directores de escena de este maravilloso espectáculo de la educación que diseñamos cada día en las aulas.

Aprender de la experiencia

Autor: Martín Varela, subdirector de la Fundación Trilema

Aprender de la experiencia

Nuestros alumnos están terminando este histórico curso escolar. Entre porfolios de confinamiento, exámenes y evaluaciones finales, de una manera u otra, la reflexión sigue sobre la palestra. ¿Han aprendido lo que tocaba? ¿Qué es “lo que toca” en circunstancias como la vivida? ¿Debería provocar un cambio de paradigma definitivo para la escolarización obligatoria? Sobre esto hemos debatido profusamente.

Me viene a la memoria las declaraciones de José Antonio Marina en algunos medios: “No basta con la experiencia. Hay que querer aprender”.

¿Entonces qué nos mueve a aprender? Porque aprender, aprendemos todo el tiempo. Estamos hechos como especie para ello.

Os invito a hacer un pequeño experimento. Preguntad a alguien qué ha aprendido durante estos meses de estado de alerta y confinamiento. Lo ideal es pedirle que os haga un listado de 100 cosas. Aun más interesante poder hacerlo a personas de diferentes edades: un niño pequeño, un adolescente y un adulto. Al tratar de llegar a un número tan alto, y más allá de los típicos “a tener paciencia” o usar medios tecnológicos, hay muchos aprendizajes sobre uno mismo y una divertida diversidad. Desde los que han aprendido a cocinar (¡ya era hora!), a los que han hecho un curso acelerado de guitarra, o los que para llegar al reto de las 100 acaban confesando curiosas intimidades.

¿Qué resortes podemos poner en marcha los educadores para que a nuestros alumnos les resulte interesante o atractivo poner en marcha esos mecanismos internos que movilizan el aprendizaje? Desde la teoría de la Inteligencia Ejecutiva nos acercamos a ellos.

Esta misma tarde, podremos escuchar a Carmen Pellicer en nuestros webinars Trilema&EIM subrayar la importancia y conexión de las funciones ejecutivas con el aprendizaje eficaz.

Los aprendizajes de estos meses me han llevado a conectar con el primero de los 4 módulos en los que agrupamos y explicamos la unión entre las diferentes funciones ejecutivas.

Estos módulos son:

– La gestión de la energía y de la consciencia: lo que nos pone en movimiento y nos hace dirigir la atención.

– La gestión de la acción: y persistir planificadamente en ella.

– La gestión del aprendizaje y la memoria.

– La gestión del pensamiento: con la metacognición.

Hemos centrado algunas entradas de este blog en la mejora de los módulos 3 y 4. Escuchar qué y por qué aprendemos en esas “listas 100” me ha llevado a bucear de nuevo en la gestión de la energía para redescubrir pistas y conexiones de cara a lo que nos queda por delante.

Desde el modelo didáctico que desarrollamos, apoyándonos en lo que aprendemos sobre las funciones ejecutivas, no solo buceamos en qué activa el aprendizaje del alumno y sus motivaciones. Provocamos un entrenamiento consciente para ir más allá:

  • Damos a conocer a los alumnos los desempeños y comportamientos óptimos que mejoran la función ejecutiva.
  • Les aportamos estrategias que contribuyan a esa mejora consciente.
  • Establecemos momentos explícitos para su evaluación.
  • Modelamos con nuestra intervención educativa.
  • Eliminamos obstáculos que impidan su desarrollo o provocamos situaciones de desafío que les exijan ponerlas en marcha y avanzar.

Porque nos la jugamos no solo consiguiendo que aprendan, sino que quieran aprender aquello que es valioso para ellos mismos y la sociedad que construimos cada día.

¿Y esto para qué sirve?

Autora: Maite Labanda (Profesora de Primaria Trilema Soria)

Trabajo por proyectos para qué sirve

Si eres profesor o profesora, esta pregunta la habrás escuchado un montón de veces. Incluso, cuando eras pequeño e ibas a la escuela, también le hacías esta misma pregunta a tus profesores. No es extraño que los alumnos quieran comprender y entender el porqué planteamos una actividad en clase o el porqué insistimos en enseñarles una serie de contenidos. Vale, sí, porque la Ley de Educación describe unos contenidos específicos de las asignaturas y hay que darlos. Pero al margen de la ley ¿no crees que se puede buscar una respuesta más concisa y mejor argumentada? No solo una respuesta oral, sino una respuesta en la que los alumnos vean y descubran por si solos, guiados por el maestro o la maestra, la importancia del conocer, del saber, del tener iniciativa, autonomía…etc.

Como maestra de Primaria, con experiencia de muchos años, he comprobado que lo que mejor funciona para que los alumnos aprendan es la combinación de actividades individuales y el trabajo por proyectos. Sí, es verdad que el aprendizaje de las matemáticas requiere autonomía y esfuerzo personal por cada uno de los alumnos. No obstante, el trabajar por proyectos hace que los alumnos vean, de primera mano, la aplicación de las matemáticas, la importancia de ser concisos, rigurosos y críticos con los resultados obtenidos y sobretodo, tener iniciativa y trabajar en equipo. 

Otra de las ventajas de trabajar por proyectos es que los alumnos no saben qué van a hacer al día siguiente, es decir, no pueden anticiparse en saber qué tarea nueva van a realizar. Con este método de enseñanza, los alumnos no sólo aprenden a trabajar con el compañero que “les cae mal”, sino que el maestro consigue una motivación y atención constante de sus alumnos.  

Algo que la experiencia como maestra me ha mostrado, es que el docente nunca deja de aprender. A la vez que enseña a los alumnos, también aprende.

(Si quieres saber más sobre el trabajo por proyectos, no te pierdas nuestro curso de Aprendizaje Basado en Proyectos del Campus Trilema).

Higiene dental en época del COVID-19

Autora: Carmen Barrios (Profesora Trilema El Pilar)

Higiene dental

Son muchas las enfermedades de las vías respiratorias (como los resfriados, gripe, etc.) que se propagan de persona a persona a través de las gotas que salen despedidas cuando una persona infectada tose, estornuda o exhala. Este mismo método de contagio es el que se ha descrito para el COVID-19. 

Ante esta situación, sabemos que es importante extremar las medidas higiénicas, entre ellas las de higiene bucal para reducir el riesgo de contagio y/o reinfección.

Una buena salud general, algo que siempre se cuida en nuestras escuelas,  empieza por una buena salud bucal

 Entonces, ¿qué medidas preventivas debemos adoptar?

A continuación, recomendamos unos consejos prácticos para que puedas incluirlos en tu rutina de higiene diaria:

  • Cepillo dental. realiza el cepillado 3 veces al día
        • Los 8 Pasos Importantes De La Higiene Bucal

      Para evitar el crecimiento de patógenos en los filamentos de nuestro cepillo dental, especialmente en ambientes húmedos y poco aireados, el Consejo General de Dentistas de España recomienda:

Recomendaciones higiene dental

  •  Pastas y colutorios: 

 Ayudan a controlar los microorganismos de la cavidad bucal. Es importante tener en cuenta que los antisépticos (enjuagues bucales) no tratan ni previenen la enfermedad, pero reducen los patógenos de la cavidad bucal.  

  •   Higiene también entre diente y diente y lengua:

 Es de suma importancia tener una higiene 100% completa. Hay que tener en cuenta los espacios que existen entre los dientes para evitar la acumulación de placa bacteriana (película de bacterias que se adhieren a la superficie de los dientes) en las zonas donde el cepillo no alcanza. Se recomienda usar el elemento de higiene interdental adecuado para cada espacio. Esto debe incluir productos antisépticos específicos para estas zonas. Para espacios entre diente y diente se recomienda el uso de cepillos interdentales, sedas y cintas dentales, hilos e irrigadores bucales

  • La Desinfección Del Cepillo De Dientes

Tenemos que extremar las medidas mientras dure la epidemia.

Hay que tener en cuenta que un porcentaje importante de la población es portadora del coronavirus sin saberlo. Son los llamados asintomáticos, porque no presentan ningún signo clínico.

 El coronavirus está presente en la saliva, por lo que se recomienda desinfectar el cabezal del cepillo después de cada uso. Puede utilizar una solución de agua oxigenada diluida al 1%. 

Para la desinfección, se debe sumergir el cabezal del cepillo en la solución y dejarlo 1 minuto. También puede sumergirse en agua oxigenada de farmacia que habitualmente tiene una concentración del 10%.

 ¡Recuerda!: Refuerza las medidas de higiene bucal con cepillado y cambia el cepillo dental después de una infección.

El poder de los sueños

Autora: Vanesa Ruiz Gemes (Maestra Educación Infantil Trilema Soria)

El poder de los sueños

Desde que tengo uso de razón, siempre supe que de mayor quería ser maestra. Aunque cuando era pequeña jugaba con mis primas a ser astronauta, médica, presentadora de televisión o detective, siempre acababa el día jugando a ser “seño”.

Toda la vida he sentido esta profesión como parte de mí. Pero cuando tienes una cierta edad, te surgen dudas. Entonces te paras a pensar si debes seguir hacia adelante con aquello que verdaderamente te apasiona, aunque no tenga mucha salida, o por el contrario buscar una carrera con la que, al finalizar, puedas empezar a trabajar y tener una vida cómoda. 

En mi caso, a pesar de que sabía lo que me gustaba realmente, en principio, decidí estudiar empresariales. Y es que algunas personas de mi entorno, con la mejor de sus intenciones, me aconsejaron que tendría más salida laboral y por tanto todo sería más fácil el día de mañana. Sin embargo, sólo me hizo falta hacer el primer cuatrimestre para ser consciente de la equivocación que estaba cometiendo, pues con aquella carrera no sería feliz el resto de mi vida.

Y viene aquí mi pregunta: en esta sociedad, ¿realmente se está invirtiendo en una educación que forme personas plenas e íntegras, personas capaces de decidir por ellas mismas qué es lo que quieren, personas capaces de perseguir sus sueños aunque ello conlleve un mayor esfuerzo hasta conseguirlo?

Como dice César Bona, “Educar no consiste simplemente en proporcionar conocimiento; educar va más allá. Educar conlleva hacer a las personas mejores, tanto a nivel individual como colectivo, y darles una serie de herramientas que les sirvan tanto para ahora como para el futuro”.

Estoy convencida que solo de este modo podremos formar personas capaces de afrontar sus problemas, capaces de controlar la ira, personas con una autoestima alta, asertivas, empáticas (no confundir con hiperempatía). Y, por último, personas resilientes a cualquier cambio o daño provocado en un momento determinado sacando siempre lo mejor de cada cosa que ocurre. Y si como docentes estamos trabajando para conseguir esto, estamos integrando en nuestras aulas un tipo de educación que hoy día está muy de moda pero que no todo el mundo invierte en ella y es: “La educación emocional”.

Ya, en 1995, Goleman hablaba de “escolarizar las emociones”. No podemos olvidar que nuestros alumnos pasan muchas horas al día en la escuela. Por tanto, esta se convierte en uno de los lugares más importantes e idóneos para que nuestros niños y niñas aprendan a ser emocionalmente más inteligentes, así como aprender estrategias y habilidades emocionales básicas que les proteja de los continuos factores de riesgo a los que están expuesto día a día. De hecho, esta gestión emocional supone una de las funciones ejecutivas tan importantes en nuestras escuelas.

Por su parte, el psicólogo Howard Gardner, elaboró la teoría de las “inteligencias múltiples” en la que hace hincapié en que no existe una inteligencia única si no varias: lógico-matemática, lingüística, corporal-cinestésica, musical, espacial, naturalista, intrapersonal e interpersonal. Pues bien, las dos últimas son la base de la inteligencia emocional.

La inteligencia interpersonal se puede definir como: “la capacidad de entender a los demás y de actuar de manera coherente frente a ellos” y la intrapersonal es definida como: “la capacidad de entenderse a uno mismo, conocerse (debilidades y fortalezas) y actuar en consecuencia de este autoconocimiento”.

En épocas pasadas, la educación estaba centrada exclusivamente en la capacidad lingüística y lógico-matemática, obviando el resto. De ese modo se estaba privando y limitando a aquellos individuos que tenían capacidad en otras inteligencias de poder desarrollarlas y, en consecuencia, se generaba en ellos estados emocionales negativos.

Por ello, hoy debemos recalcar a nuestros alumnos que no todos servimos para lo mismo ni tenemos las mismas capacidades, actitudes y cualidades. Y eso es lo realmente maravilloso, porque es entonces cuando surge “la diversidad”. Porque no a todos nos apasiona ser médicos, astronautas o científicos. Hay personas que tienen la habilidad de escuchar y deciden ser psicólogos, otros la habilidad de hacer reír y ser payasos, otros la habilidad de hacernos sentir con la música o la habilidad de labrar un campo y ser los mejores agricultores… y es que lo realmente importante no es la profesión que ejerces si no la pasión, el amor y la entrega que le dedicas a ello.

Así nosotros, los maestros y maestras, somos como el buen agricultor que planta sus semillas en la tierra. Pero nosotros las plantamos en el corazón de cada uno de nuestros alumnos dejando una huella tan profunda que marca la diferencia entre simplemente enseñar, o, por lo contrario, educar con amor, pasión y vocación formando así a los futuros hombres y mujeres del mañana.

Al final cada uno acaba escogiendo el camino que cree que le va a llevar a la felicidad y yo, aquel día abandoné el erróneo para escoger el adecuado. Porque como dice Mar Romera, experta en educación emocional, aunque el corazón y la razón tengan que ir de la mano, “el corazón y la emoción, SIEMPRE ganan a la razón”.