Autor: Martín Varela, subdirector de la Fundación Trilema.

Así no podremos crecer como sociedad. No nos fiamos los unos de los otros.

Hace unos meses me enviaron vía whatsapp este vídeo que quizás algunos conocéis. ¿Te imaginas esto en nuestro país?…
El señor del vídeo termina aseverando que no quedaría ni un palet. ¿Qué has contestado en tu mente?

No hay manera. Tierra de Lazarillo de Tormes y de la picaresca. Pero, ha llovido mucho ya desde que esta obra de arte literaria se escribió, ¿no? Si no creemos, no avanzaremos. Creer que es posible, es el primer paso para provocar el cambio. Y para creerlo también hay que verlo. O provocar que ocurra.

Los estudiantes universitarios exigen por el virus hacer los exámenes online, parece lógico. La Universidad no quiere. Conscientes de la picaresca. Pero, ¿lo son también de las consecuencias profundas de cómo y qué evaluamos? Algunas de las universidades más avanzadas no se han sentido amenazadas por esta situación. Su alumnado se encuentra inmerso en un paradigma muy diferente.

Paralelamente, en el encuentro-webinar Let schools decide (Deja a la escuela decidir), organizado por la OCED, el dato sobre la falta de confianza en nuestro sistema, escuelas, profesores, estudiantes… es demoledor. Somos uno de los peores 5 países del mundo en cuanto a la autonomía en la toma de decisiones pedagógicas. ¿Centralismo o desconfianza? La publicación Cuadernos de Pedagogía ha dedicado todo un número a esta cuestión, controvertida, pero de gran calado y necesario futuro.

Más allá de las posibles dificultades de impactar en las políticas nacionales o supranacionales, los docentes tenemos mucho margen de actuación. ¿Podríamos ir educando generaciones más responsables y de las que fiarnos?

Recuerdo nuestros inicios en el impulso del cambio de cultura de evaluación. Queríamos impactar tanto en los procesos como en el propio concepto de evaluación. La autoevaluación parecía una utopía. Más si se ligaba a calificación final. Hoy ya sabemos de su impacto profundo el aprendizaje. Lo comprobamos día a día junto al entrenamiento de los procesos metacognitivos.

Hace una década conocíamos el ya famoso trabajo de John Hattie, Know Thy Impact. Un estudio sobre la efectividad de las diversas estrategias metodológicas en el aprendizaje. Entre las más eficaces se sitúan las que comenzaban por ‘self’ (auto) y las que incorporan reflexión personal o compartida.

Ahora, la semipresencialidad, los confinamientos grupales, las cuarentenas y otras modalidades de seguimiento virtual se están convirtiendo en una oportunidad para practicar y aprender ‘a fiarnos’. ¿O para enseñar a que se hagan responsables?

 

Pequeñas prácticas cotidianas nos ayudan a profes y alumnos:

 

  • Comunícales qué quieres conseguir con la clase de hoy. O mejor, qué quieres que ellos consigan.
  • Asegúrate de que entienden lo que les pides, ¿saben expresarlo con sus palabras?
  • ¿Es una tarea, producto u objetivo complicado? ¿Debemos “trocearlo” en partes y pasos para visualizar como llegar al mismo?
  • ¿Tienes alumnos con diferentes necesidades o punto de partida? ¿Podrían tener logros diferenciados?
  • ¿Pueden anticipar sus dificultades y qué podría ayudarles a superarlas?
  • ¿Podrían encontrar ayuda entre las fortalezas de sus compañeros?
  • ¿Qué van a necesitar para aprender lo que toca? ¿Pueden imaginarlo, verbalizarlo? ¿Lo tienen a mano o a golpe de libro, tablet u ordenador?
  • Comunica o visualiza con ellos las partes de tu sesión de clase. Conocer de antemano lo que ocurrirá les ayudará a autogestionar sus tiempos y conocer qué momentos pueden tener para realizar pausas, encontrar ayudas o hacerte preguntas.
  • Diseña el aprendizaje con pausas metacognitivas, momentos en los que puedan verbalizar por dónde van, qué han conseguido, qué necesitan para avanzar.
  • Enseña y acompaña la selección de evidencias que permita mostrar qué van aprendiendo.
  • Propicia momentos de coevaluación en los que puedan comunicar esos avances a los compañeros y estos les den feedback de sus progresos.
  • Da tú también tu retroalimentación e indicaciones para seguir adelante o reflexionar sobre su camino. Detente especialmente en los que más necesitan tu guía.
  • Trata de cerrar tus sesiones con preguntas metacognitivas, con la posibilidad de expresar sus avances diarios y de saber cuál será el siguiente paso o cómo puede mejorar.
  • Valora mucho lo que van siendo capaces de mostrar en su camino de autorregulación del aprendizaje.
  • Incorpora criterios de calificación y logro que ellos mismos expresan.
  • Deja que, desde esos criterios, ellos mismos se evalúen e incluso califiquen.

Si la educación es la mejor inversión para el futuro de nuestra sociedad, ¿qué tal empezar a invertir, desde dentro, en este entrenamiento? ¿O no nos fiamos?