Autora: Verónica Granero (Profesora Trilema El Pilar)

Disciplina positiva

Nunca imaginé que mi primera publicación en este blog se produciría en una situación tan particular como la que estamos viviendo. Compartiendo las 24 horas del día con nuestras familias, en confinamiento y con un futuro muy incierto en todos los ámbitos de nuestra vida. Este confinamiento está suponiendo un auténtico reto para ayudar, enseñar, acompañar, animar, motivar (la lista podría seguir), a mis alumnos.

Desde mi experiencia como maestra en la etapa de primaria, me he ido dando cuenta de que el éxito a la hora de llevar una clase, de conseguir conectar con tus alumnos, de engancharles y motivarles, depende en gran medida de nuestra actitud hacia ellos. De nuestra forma de hablarles para lograr que se sientan importantes y de esa manera lograr que se expresen con libertad y confianza. 

Así comencé a interesarme por una filosofía que se basa en educar desde la amabilidad y a la vez la firmeza: la Disciplina Positiva.

¿De dónde sale esto de Disciplina Positiva?

La Disciplina Positiva es una metodología que nace basada en los fundamentos psicológicos y educativos de Alfred Adler y Rudolf Dreikurs (psicólogos). Aunque sería más tarde, en los años 80, cuando dos mujeres, Jane Nelsen (psicóloga y educadora) y Lynn Lott se unirían para desarrollar estas teorías y llevarlas a millones de hogares y escuelas de todo el mundo.

Algunos aspectos clave sobre Disciplina Positiva:

  1. Los niños lo hacen mejor cuando se sienten bien

“¿De dónde hemos sacado la loca idea de que para que los niños se porten mejor, antes tenemos que hacerles sentir peor?”

Cuando leí está frase por primera vez, me tuve que parar a pensar un buen rato. La leí y releí varias veces. ¿Cuántas veces cada uno de nosotros, de manera inconsciente, hemos cometido este error?

Haciendo sentir mal al niño tras su error, hará que sea consciente de que se ha equivocado, pero no le habremos dado ese empujoncito tan necesario e importante, por querer mejorar la próxima vez.

  1. Educar empieza por educarnos

“Si los adultos quieren que los niños aprendan a dominar su conducta, ¿es demasiado pedir que ellos aprendan a dominar la suya?”

Parece obvio decirlo, pero es fundamental que los adultos seamos coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. El ejemplo típico es el “¡no grites!”, mientras nos desgañitamos la voz.

Maestros y padres somos un gran espejo para los niños y, sin duda, es esencial mantener la calma (sé que el ritmo de vida que llevamos hace de este punto un verdadero reto) a la hora de tomar decisiones para que nuestra conducta se encuentre alineada con el mensaje que queremos transmitirles. 

  1. Para ser responsables, los niños necesitan responsabilidades

“Los niños no aprenderán a ser responsables si los adultos siguen haciendo por ellos lo que ellos pueden y deberían hacer por sí mismos”.

A medida que los niños van adquiriendo la autonomía suficiente debemos involucrarles en las tareas diarias, como poner la mesa, calzarse los zapatos, ayudar con la compra, apuntar las tareas del cole en la agenda y un largo etcétera en función de su edad y madurez. 

Darles la oportunidad de demostrar los recursos que tienen, les ayudará a desarrollar confianza propia y una autoestima saludable.

  1. Equivocarnos y aprender

“Necesitamos enseñar reiteradamente a los niños que los errores son oportunidades maravillosas para aprender”.

De este aspecto, creo que nos encargamos bastante en nuestras aulas. Es a través de las rubricas y metacogniciones, pero siempre con la ayuda del profesor, cuando les hacemos parar a diario, y reflexionar sobre el conocimiento que tienen sobre lo que están haciendo o han hecho.

Intentamos que dejen de pensar tanto en las calificaciones y se den cuenta de que, después de cada error, puede haber una gran oportunidad de aprendizaje, que es lo que realmente importa.

En nuestros hogares, los niños pueden comprobar diario que los adultos no somos perfectos, cometemos errores y esos errores nos marcan un nuevo camino para cumplir nuestro propósito.

  1. Elogios vs Motivación

“El efecto a largo plazo de la motivación es favorecer la confianza en uno mismo. El efecto a largo plazo de los elogios es favorecer la dependencia en los demás”

Un niño motivado, se siente capaz de hacer las cosas bien porque confía en él y tiene las suficientes herramientas para poder conseguir las cosas que se propone. 

Lo que queremos es formar personitas autónomas, seguras de sí mismos y sin la necesidad de tener siempre a alguien a su lado.

  1. Lo que hay detrás de la ‘mala conducta’

“El niño que más amor necesita es a menudo el que actúa de una forma más odiosa”

Este punto lo observamos diariamente en nuestras aulas. Detrás de un alumno con una conducta inapropiada (llamadas de atención continuas, apatía ante cualquiera actividad, etc.), si indagamos un poco, nos solemos encontrar ante un alumno que se encuentra en una situación emocional complicada. 

Tal y como decía Adler, la mayoría de «malas conductas» son en realidad soluciones a un problema distinto (un sentimiento de desconexión).

  1. Suprimir los castigos no supone renunciar a los límites

“Eliminar el castigo no significa dejar que los niños hagan lo que les apetezca”

Los niños, mayores y pequeños, tiene que saber aceptar un NO. Hay que dejar claro que hay unas normas y hay que cumplirlas. 

La Neurociencia cada vez nos da más información de como aprenden los niños, como aprende el cerebro, como todo se va modelando. 

Hoy en día tenemos más oportunidades que en ninguna otra época de poder hacerlo bien con nuestros niños. Disponemos de mucha información e investigaciones acerca del cerebro, por lo que encontramos muchas herramientas y estrategias para ayudar a nuestros hijos y alumnos a desarrollarse con plenitud. 

Llevar a la práctica los fundamentos de la disciplina positiva es complicado. Experimentaremos muchas situaciones en que fallaremos en nuestro intento de llevarlos a efecto, pero es parte del camino y del aprendizaje. Incorporar esos fundamentos a nuestro día a día es un reto mayúsculo, pero tenemos una gran ventaja: SOLO DEPENDE DE NOSOTROS, de los ojos a través de los cuales “miremos” a nuestra familia, nuestros compañeros, amigos y, por supuesto, alumnos. 

Por esa importancia de la mirada, quería terminar con una pequeña reflexión en estos tiempos difíciles tras el estallido de la crisis del Coronavirus.

Hace algo más de dos años, en plena baja de maternidad tras dar a luz a mis dos hijos mellizos, leí una frase que alivió mi frustración por no poder atender en ocasiones a los dos a la vez: “Cuando no tienes brazos para abrazar a todos, aprendes a abrazar con la mirada”.

Y yo ahora, al salir a la calle, noto muchos abrazos, de mis vecinos, amigos e incluso desconocidos que caminan a mi alrededor.  Y ojalá pronto, podamos abrazar a aquellas personas, a las que tanto echamos de menos. 

Abrazaros y cuidaros mucho.