Autora: Vanessa Cobo (Profesora Trilema SAFA y Especialista en Trastornos del Espectro Autista TEA).

Aprender a mirar en educación

 

Educar en la actualidad es todo un reto, un desafío diario. Es acompañar, recorrer con nuestros alumnos un camino de encuentros significativos –también de desencuentros-. También es aprender a mirar, con el propio estudiante como protagonista. A través de la mirada, se pone en juego, de forma irreflexiva, ese despertar, descubrir e interiorizar, presentes en todo proceso de aprendizaje.

La mirada es transformadora en cualquier relación con nuestro entorno, más aún en la educación.

 

Procesos mentales que activa la mirada

 

¿Os habéis planteado alguna vez cómo miramos una obra de arte?
¿Qué procesos mentales se activan cuando la observamos?

Lo primero que hacemos al contemplar una obra artística, es ponernos frente a ella. Abrimos bien los ojos y la observamos con pausa. La miramos con delicadeza analizando los detalles, deteniéndonos en cada uno de ellos. Intentamos descifrar lo que su autor o su autora ha querido expresar.

En una de sus excursiones, el alumnado de sexto de Primaria de la escuela Trilema Safa, ha visitado la exposición de Diego de Rivera en La Casa de México. Resulta especialmente interesante, escuchar las apreciaciones de los alumnos tras la observación de sus obras. Pero lo es aún más, verles reaccionar con la curiosidad innata que caracteriza a los más pequeños. Ya que sin tan siquiera darse cuenta, están inmersos en el proceso de aprendizaje.

 

La mirada transformadora de los docentes

 

Todo lo vivido como profesor en Escuelas Trilema, me lleva a la siguiente reflexión:

¿Cómo debe ser la mirada del profesor frente a nuestros alumnos y alumnas?

Todos nos hemos encontrado con miradas capaces de sacar lo mejor o lo peor de nosotros mismos. Nuestros alumnos desean saber y descubrir. Son curiosos e inquietos. Sin embargo, mirar de forma transformadora es responsabilidad de los maestros. Debemos trabajar la mirada que impacta. Una forma de mirar que cree vínculos entre alumno y profesor. Y para estar a la altura, debemos partir de una mirada profunda. Ese tipo de mirada, que es capaz de ver luz entre las sombras. Que puede alejarse del error o del juicio. Que puede centrarse en cada alumno sin distracciones.

Para concluir, y siguiendo con el símil anterior, para educar con arte es importante aprender a mirar al alumno. Del mismo modo que miramos una obra de arte. Dedicándole tiempo, intentando descifrar el mensaje que nos dice sin palabras. Con esa delicadeza de la que hablaba al inicio de estas líneas. Hay una expresión castellana que dice “ojos que no ven, corazón que no siente”. Pero si eliminamos el adverbio negativo, aparece una verdad aún más importante: “Ojos que ven, corazón que siente”. Porque veo de lo que eres capaz, creeré en ti. Y esa será la mejor motivación que podrás recibir como estudiante.