Grageas de todos los sabores

Autor: Martín Varela, subdirector de la Fundación Trilema.

Los que todavía convivimos con niños tenemos la suerte de encontrarnos con metáforas maravillosas.

En Harry Potter y la Piedra Filosofal conocimos esas ‘golosinas’ que solo de imaginarlas se revuelven las tripas. Las ‘Grageas de todos los sabores’ pueden ser tan sabrosas como las de plátano o chocolate, curiosas como berenjenas o sardina; o tan poco agradables como las de vómito o calcetín sucio.

En las pasadas fiestas de Reyes he conocido detalles que no conocía de cómo los niños –y no tan niños– juegan con este curioso regalo. Se trata de elegir las grageas de un color. Mismo color, pero diferente sabor. Una buena, otra mala, y… ¡a descubrir mediante la experiencia cuál de las dos sabe a moco de trol!

Parece que la realidad que vivimos nos lleva a tomar más grageas de mal sabor de las que pudiésemos soportar. La vuelta al cole sigue siendo de sabor imprevisible cada día. Afortunadamente, los profesores vivimos cerca de los niños, que son los que mejor saben jugar y arriesgar en el día a día. Ellos mismos suponen para nosotros los mejores sabores en la complicada cotidianidad.

Haber conocido las reglas del juego de las grageas, me hizo conectar con alguna clave de por qué están funcionando tan bien las estaciones de aprendizaje en nuestros centros. Los alumnos también tienen un código de colores entre las actividades planificadas. Y pueden elegir y crear su propia ruta de aprendizaje.


Existen pocos motivadores más naturales que la posibilidad de elegir.

 

Las estaciones son una de las estrategias clave en la concreción del modelo híbrido que presentamos en este reciente webinar. Su modalidad con apoyo tecnológico, que llamamos ‘Rotación por estación‘, se está convirtiendo en una de las posibilidades más efectivas de programación de secuencias didácticas y acompañamiento del aprendizaje de manera remota.

Los profesores definen las estaciones o espacios en los que los alumnos, en pequeños grupos, encontrarán las diferentes posibilidades para aprender. Presencialmente permite alternar lugares físicos con el uso de dispositivos para el aprendizaje online. De manera remota, el profesor dispone las salas de encuentro y los retos que deben ir superando los alumnos en sus itinerarios o rutas de aprendizaje.

Esta metodología posibilita a su vez trabajar de manera multinivel. En la hoja de ruta del alumno se encuentran precisamente los códigos de colores o símbolos que identifican los tipos de actividades y/o los niveles de profundización. En sus manos queda el tomarse una u otra de esas ‘grageas de todos los sabores y colores’ que pueda provocar la magia del aprendizaje.

Existen pocos motivadores más naturales que la posibilidad de elegir. Cualquier escenario que permita tocar los resortes de la motivación intrínseca tendrá mayores y mejores posibilidades de éxito en la, tan pretendida, autorregulación del aprendizaje. El verdadero y único motor para aprender. Experiencia, elección y su cierto riesgo divertido… “Quiero aprender. Elijo aprender. Me arriesgo a aprender”.

 

Diálogo

Por Martín Varela, subdirector de la Fundación Trilema.

Comenzamos el 21 con la pandemia disparada y acompañada de la borrasca Filomena. Parece que la realidad se empeña en hacernos más héroes a los docentes y escuelas por abrir y sobrevivir. Pero, con la que está cayendo, se cuela en los titulares de cabecera de prensa los todavía ecos del asalto al Capitolio en Estados Unidos.

Y es que no es baladí lo que la falta de diálogo engendra en nuestras sociedades.

Es inevitable hacer un cierto paralelismo con lo que parece estar ocurriendo a nivel de leyes educativas en nuestro país. Según vayan llegando (esperamos que no asaltando) los de unos colores u otros al parlamento… ¡a imponer su visión!

La que llega ahora nace con la misma cantinela de fondo de la anterior: durará hasta el próximo cambio político. En sus monólogos frases parecidas. Supuestamente han escuchado y recogido las inquietudes de toda la comunidad educativa. Pero para dialogar, para escuchar, hay que querer hacerlo.

Ya en el 2016 se hizo un importante esfuerzo para llegar a acuerdos consistentes desde ‘Papeles para un pacto‘ . José Antonio Marina, Carmen Pellicer y Jesús Manso, dirigieron un verdadero diálogo reuniendo a más de un centenar de personas e instituciones. Fruto del encuentro, una propuesta de camino concreto por el que transitar y hacer posible el tan ansiado pacto educativo. A pesar de las esperanzas amparadas, los políticos de turno no escucharon…

Justo antes de Navidad, Red por el Diálogo Educativo (REDE) compartió con toda la comunidad educativa y toda la sociedad el trabajo de más de un año de un nuevo empeño por dialogar, por encontrar puntos –muchos– de encuentro.

Porque cuando se trata realmente de apostar por construir, los que estamos embarcados en esto de educar sabemos que no se trata solo de imponer nuestras ideas. Apreciamos la riqueza de la pluralidad y sabemos trabajar con ella, lo que exige en ocasiones renuncias por el bien común.

Desde ella, las organizaciones participantes, coordinadas por la Fundación COTEC y Proyecto Atlántida, han concretado lo que podrían ser los pilares de un sistema educativo inclusivo, equitativo, de calidad, sólido… y consensuado.

Un proceso abierto, participativo y eficaz que ha fructificado en dos publicaciones por cada uno de esos pilares:
Profesión y profesionalidad docente.
Innovación y reflexiones para el cambio en educación.
Currículum: propuestas para su reforma.
Organización escolar.
Evaluación, responsabilidad y mejora educativa.
Financiación para una educación inclusiva, equitativa y de calidad.

Sus 6 libros (en abierto en la web de REDE) ilustran cómo la pluralidad y el diálogo nos puede hacer aun más fuertes.

Para los antiguos griegos, diálogo hace referencia al proceso de conocimiento a través de la palabra. Se trata de conocernos y construir, no de llevar la razón y tratar de imponerla. Un deseo para el 2021 en el que tanto habrá que apostar por ello.